Asistí ayer a lo que no quería jamás, en contradicción con mi condición humana de ser un simple mortal, al funeral de quien fuera un excelente amigo, compañero y maestro, y como dice la canción de otra inmortal, Violeta Parra, Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto. Sí, la dicha de haber tenido el privilegio de ser contado entre sus amigos y como en su poema Mario Benedetti:“Tu voz no quiere cantar
tu voz se esconde en el llanto
si pregunto tu quebranto
es sólo por preguntar
desde que tu pena existe
como un ileso sentido
todo está triste y cumplido
todo está cumplido y triste”
Pero la verdad y tal como lo sentí en su familia cercana, Alejandrina, María Elena, Félix Alberto y Consuelo, José Elkin, Alba, tengo un contento por haber pasado a su lado tantos instantes, (que bueno hubiesen sido días, semanas o años), por eso es el quebranto, pues queda un déficit en el alma, es el punto de quiebra de una relación que me dio tantas risas, tantas enseñanzas, tantas esperanzas. ALBERTO VILLA VÉLEZ era para tantos seres y tantas instituciones punto de apoyo como lo fue Rowan el portador de El Mensaje a García, nada le quedaba a medias, y cuando muchas veces creyó equivocarse lo hizo siempre de manera razonable.
De el aprendí que:
“Para todo uno debe estar lleno de buenas razones”

“Cuando se va aprestar un servicio es ahora. ¿Por qué no hacerlo ya? ¿Para que darle tantas vueltas al asunto?”
“Lo simple y lo sencillo libera la voluntad y no le resta fuerzas a las ganas de hacer cosas”
“Todo es posible mientras se tenga fe en Dios, La Virgen María y sobre todo en uno mismo”
“Para que pelear con el pasado si hay tanto para hacer en el futuro”
“Siempre hay que ser parte de la solución y no del problema”
“La gratitud, y reconocer lo bueno de cada acción y cada persona son semillas para la hermandad sin exclusiones y la paz”
Caicedonia y como Alberto la bautizó, La Centinela delValle, ha dado al mundo, poetas, escritores, artistas, excelentes servidores de Dios en el Clero, pintores, hombres con gran espíritu progresista, políticos, gobernantes destacados, periodistas ilustres, hombres de ciencia, educadores brillantes y desde mi perspectiva nos dio un autentico MAESTRO.
Cómo no reconocer en Alberto Villa Vélez un ser con tantos excedentes y tanto desprendimiento para compartirlos:
Excedentes:
Para motivar la amistad.
Para ayudar a los más necesitados, como fuera.
Para conquistar en cualquier escenario corazones y quedar como una impronta en la mente de quienes escuchaban sus opiniones y gracejos.
Para hacer reír en lo momentos en que se necesitaba desafiar una crisis. Su incomparable sentido de humor era como la espada de Alejandro para desatar el nudo gordiano de cualquier discusión y problema.
Para exponer ideas con visión futurista. Alberto era el hombre de lo posible.
Para dejar de ser cotidiano y convertirse en un ser histórico, en el ejercicio de obtener resultados sin afanes de figurar, solo con el fin de cumplir con misiones ajustadas al Plan Divino, y tomar como premio su transformación interior. Por eso Alberto no se detenía en el resultado logrado, su fuerza interior era progresar sin pausa.
Para demostrar que la satisfacción del buen arquero no es alcanzar la diana perfecta sino alimentar la disciplina para templar la cuerda, colocar la flecha, ajustar el sistema a su cuerpo y medir la fuerza para calcular el impulso suficiente para obtener el resultado.
Para probar, y para ello no olvidaba su beso cotidiano a la imagen de la Virgen María, en el rincón hecho altar de su sala, quien era su mejor centinela, que el mundo espera ser atendido con amor y sin escoger la clase de sufrimiento del prójimo. Alberto tenía en su cerebro a Dios y en el corazón a la Virgen. Por ello le era fácil comprender la vida y la emoción de quien se le acercaba así fuese para pedirle un chiste. Para muchos el primer tinto del día era como ambrosía si se hacía en compañía de mi maestro de la vida.
Para demostrar como se es buen ciudadano, sin pedir derechos sino cumplir deberes.
Para mostrarle al mundo y en especial a quienes nos preciamos de ser hijos de Caicedonia, cómo no sucumbir ni doblegarse frente a las adversidades, y mejor ser constante en la lucha, en la creencia de un mundo mejor, y de qué manera se es protagonista con el más elevado sentido de pertenencia.
Para convertirse en visionario incondicional y con actitud dispuesta a trabajar en grupos o de manera individual, pues lo fundamental no da espera. Quien sino Alberto tiene el mejor inventario de ideas realizadas y proyectadas. Que buenas tareas dejó.
Para dar el ejemplo de lo que vale orientar y ser modelo para una familia sin tacha y que sin dudas será tu prolongación encarnada.
Para respetar actitudes, creencias, principios, valores de los demás, sin distingos de naturaleza alguna y aplicar a cada paso la gratitud. Nunca ahorro reconocimientos.
Para dejar constancia durante su existencia no solo de haber experimentado muchas de las propuestas del mundo, sino de haber elegido el gusto por los viajes por tantos lugares del mundo, por la buena comida, los buenos vinos y aguardientes sin ir más allá de sus posibilidades y buenas costumbres.

Para asegurarse que su ego no lo impulsara a nada, para que la paciencia fuera su credo, para señalar la verdad a los demás, para practicar altruismo motivado solo por la intuición y apoyado por las mejores intenciones, para nunca demostrar que sabia mucho, sino hacerse entender, para ser un modelo ante el mundo como de verdad lo fue y de manera insobornable. Ya estás en la eternidad, pero imposible olvidarte. Vivirás por siempre en la historia y que bueno será hablar de ti a través del tiempo. Es la inmortalidad.
Otro contento que me queda es el de haber disfrutado su talento histriónico en aquellos momentos en que nuestro Yo Payaso nos dio la oportunidad de ser auténticos con la perspectiva espiritual de percibir la risa de los demás, como alimento para nuestro espíritu. Fue en el Rincón de Antaño, la incubadora de todas las emociones humanas posibles, donde brotó lo máximo de su ingenió para el humor, allí fuimos testigos que Alberto supo no tomarse la vida en serio y sin embargo logro hacer y participar en tantas cosas trascendentales. Es que el Rincón amado por tantos representa la metáfora de Garrick, pues allí aprendemos a reír con llanto y también a llorar a carcajadas.
Te agradezco, Maestro Alberto, el haberme compartido tantas y maravillosas amistades que conquistaste y sobre toda una en especial como ha sido la de Humberto Duque Gómez otro ser que pareciera haber nacido sin ego. Dios los hace y ellos juntan.
Gracias a la gran oportunidad de haber conocido a José Elkin, quien no ocultaba el orgullo de ser su hermano y cuyo afán era compartirlo. ¡Que maravillosa genética!
Doy gracias al Todo Poderoso por enriquecer mis recuerdos con tan bello ser humano. De verdad, Alberto Villa, quiero estar contigo donde Dios te tenga, ojalá pueda darle a mi alma la guía para lograrlo, lo cual sería el mejor negocio de mi vida.
Como dijo Walt Wihtman, mi poeta preferido:
¡Oh Capitán, mi Capitán! La áspera senda ha terminado.
Un aplauso del amigo,
Hernán Muñoz Quintero.
Hmplandevida3@yahoo.es

Gracias, compadre. Me hiciste recordar muchos momentos inolvidables. Un abrazo.
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